* Artículo publicado en la revista del Col·legi de Periodistes, Capçalera, el 10 de junio de 2013.

Reinventarse. Esta es la palabra de moda estos días. Todo el mundo busca soluciones creativas para salir de la crisis. Y esto incluye a los periodistas, que, aunque no dejan de hacer lo que saben hacer (es decir, contar buenas historias), sí que buscan nuevas maneras para financiarse. Una de las que emerge con más fuerza es la microfinanciación (o crowdfunding, en inglés). Se trata de una manera directa de financiar proyectos con la suma de aportaciones individuales.

El micromecenazgo está vinculado al entorno digital. Es un modelo de negocio posible gracias a las nuevas tecnologías, que han transformado tanto la manera de producir noticias como de consumirlas. La persona que busca financiación cuelga su proyecto en la web de una plataforma de crowdfunding y pide una cantidad de dinero concreta para llevarlo adelante. A cambio, ofrece una serie de “recompensas” a los mecenas en forma de ediciones limitadas, experiencias únicas, merchandising, etc. De momento, en el sector periodístico, se trata de proyectos de bajo presupuesto, con una duración concreta en el tiempo y un tema muy bien definido, pero todo apunta a que es una práctica al alza y una tendencia cultural que no puede obviarse se.

La principal plataforma en España es Verkami (un neologismo que en esperanto significa “amigo de la creación”), impulsada a principios de 2011 por la familia Sala y con sede física en Mataró. El éxito es tan evidente que llevar a cabo un proyecto a través de esta vía -en Cataluña- ya se conoce como “hacer un Verkami”. Otra de las plataformas con más tirón para los proyectos periodísticos es Goteo, aparecida en noviembre de 2011, y dirigida y gestionada por una organización sin ánimo de lucro llamada Fundación Fuentes Abiertas.

Los periodistas que han probado la microfinanciación señalan la independencia como principal ventaja, tanto en cuanto a la elección del tema como del formato.

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