* Artículo publicado en La Revista de Blanquerna-Universitat Ramon Llull, enero de 2017.

En los últimos años, instituciones y empresas de signo muy diverso, desde el ámbito deportivo hasta entidades no gubernamentales, pasando por los partidos políticos y las organizaciones industriales, muestran un creciente interés por la elaboración de códigos de ética. La necesidad de crear credibilidad en un entorno social presidido por la crisis de confianza hacia las instituciones; la voluntad de establecer unas maneras de hacer y de actuar aceptadas entre los diferentes agentes involucrados en el desarrollo de una profesión; y la preocupación por la calidad y la excelencia de muchas organizaciones son algunas de las causas que explican esta tendencia.

Hay estudios que demuestran que las instituciones y empresas éticas tienen buena reputación lo que les hace ampliar sus cuotas de mercado. Sin embargo, también hay numerosos ejemplos que indican que un comportamiento poco o nada ejemplar no pasa factura. En un momento en que la clase política está tan señalada, ¿no habría que hacer una mirada más amplia? ¿Dónde empieza la corrupción? ¿Somos éticos en nuestro día a día y en nuestra profesión?

Actualmente en España hay más de 1.700 causas judiciales abiertas por corrupción política y quinientos cargos electos están imputados, según recogía la revista Valors en febrero de 2015. La corrupción política es la causa que más preocupa a los españoles después del paro, apunta el último barómetro del CIS, pero la corrupción no es un fenómeno circunscrito a la clase política. Hace unos meses, Volkswagen reconocía que sus motores diésel emitían cuarenta veces más de óxido de nitrógeno de lo permitido por ley, al tiempo que su responsabilidad social corporativa apelaba “al compromiso de la marca con la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente “, tal y como se lee en la página web de la empresa. Por su parte, Inditex, la multinacional del sector de la moda con más facturación del mundo, admitía que había detectado refugiados procedentes de Siria trabajando en situación irregular en uno de sus proveedores en Turquía. Un reportaje de la cadena pública británica BBC había destapado el escándalo días antes. A pequeña escala hay también muchas corruptelas: profesionales que aceptan determinados regalos por parte de alguno de sus proveedores, otros que intentan sacar provecho de sus contactos y algunos que tratan de evitar pagar los impuestos que les corresponden o

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