En la actualidad, cualquier persona tiene la capacidad de comunicarse con una audiencia global. Según datos de la consultora especializada en inteligencia artificial Domo, recogidos en Business Insider (2016), en un minuto en internet se envían más de 340.000 mensajes en Twitter; los usuarios de Facebook dan me gusta a más de 4 millones de entradas; en You Tube se suben aproximadamente 300 horas de vídeos; los usuarios de Instagram dan me gusta a más de 1,7 millones de fotos; los de Apple se bajan 51.000 apps; en Snapchat se comparten casi 300.000 vídeos y en Vine se reproducen más de un millón de vídeos. Los datos cambian en función de la fuente consultada, pero dan una idea de que la cantidad de información que se genera cada minuto (¡cada minuto!) en internet es abrumadora. Los expertos han adoptado la palabra “infoxicación” para referirse al fenómeno.

Por todo ello, el tiempo de los usuarios es el valor más preciado por la industria mediática. La atención humana, en un contexto de intoxicación por información, se ha convertido en un bien escaso. Conseguir la atención de los usuarios es el principal objetivo de cualquier empresa periodística. Y para ello medios y periodistas desarrollan tácticas y estrategias, a veces con mayor acierto, otras con menos.

La mesa de apertura de la pasada edición de la Catosfera, celebrada en Girona los días 20 y 21 de octubre de 2017, abordó los retos del periodismo en tiempos de infoxicación. Los periodistas Mònica Terribas, Antoni Bassas, David Fernàndez y Jordi Sellas señalaron la falta de contexto como el principal problema del consumo de información a través de las redes sociales. “Twitter es un mecanismo de activación y organización social, pero no es un espacio para argumentar. Los datos y la información se traspasan de forma automática, pero sin contexto. Y ahí radica parte de la preocupación si acaban sustituyendo a los medios tradicionales”, señaló Terribas.

Las redes sociales, además, tienen un lenguaje propio, y para sumar seguidores es importante dominar y ejecutar su código. Por ejemplo, las pulsiones humanas, sexo y violencia, dan mayor audiencia. Bassas, en tono sarcástico, advirtió de la aparición de un nuevo “perfil profesional” en Twitter: “el ingenioso”; y de una nueva práctica: “el ¡zasca!”, dejar al adversario sin argumentos a partir de sus propias palabras. “Los medios de comunicación tradicionales, como prescriptores, tenemos mucha responsabilidad del modelo que se está imponiendo. Es muy divertido leer un zasca, pero es más provechoso leer un hilo bien argumentado. Con nuestras elecciones estamos contribuyendo a que los políticos no piensen y escriban discursos, sino tuits”, apuntó Terribas.

Los medios batallan por la atención con titulares que tienen más gancho que contenido. El clickbait es otro de los retos del periodismo digital. A pesar de que en las facultades se sigue enseñando a titular explicando aquello que ha ocurrido, los titulares gancho, tan extendidos en Internet, juegan al suspense. “¿Qué le dijo Messi al árbitro en el minuto 32?”, ejemplificó Bassas. “Son titulares que deberíamos erradicar porque además el contenido de estas piezas no tiene ninguna sustancia”. Así mismo, las opiniones personales cobran más fuerza en redes sociales. “Los hechos son sagrados y las opiniones son libres”, reza una de las máximas del periodismo. Internet le ha dado la vuelta. Ahora “los hechos son alternativos y las opiniones, sagradas”, concluyó Bassas.