Defiende un periodismo comprometido con la igualdad, denuncia los medios con sesgos machistas y pide hablar claro. Ana Isabel Bernal Triviño, periodista, doctora en Periodismo por la Universidad de Málaga y profesora de los estudios de Ciencias de la Información de la UOC, hace tiempo que lucha por un periodismo feminista por una sencilla razón: “porque si dejas a la mitad de la población excluida, entonces no haces periodismo”. Es una voz más de las muchas que reclaman la visibilidad de la mujer en la sociedad. Hablamos con ella sobre el tratamiento informativo de la violencia machista, el machismo en la profesión y el impacto del discurso feminista.

  1. En los últimos meses te has centrado en denunciar cómo los medios de comunicación tratan los casos de violencia machista y visibilizan a la mujer. ¿Tiene una visión de género la sociedad? ¿Y el periodismo?

No, no la tiene. Ni la sociedad, ni el periodismo, principalmente en el tratamiento de la violencia machista. La ley de violencia de género deja claro que los medios tienen una función de prevención y establece una autorregulación. Hay también muchas asociaciones que trabajan desde hace tiempo con una serie de guías sobre el tratamiento informativo de la violencia machista que a día de hoy se siguen sin cumplir. Los medios no pueden seguir titulando casos de violencia machista con la palabra “muere”, como si la mujer en lugar de ser asesinada ha muerto víctima de una enfermedad. Ni se deben seguir relativizando las violaciones ni los casos de abusos sexuales. Todo eso evidencia que falta una formación de género brutal.

  1. ¿Cuáles son tus recomendaciones básicas para un periodista que tenga que escribir sobre ello y quiera hacer un buen trabajo?

El principal consejo sería la lectura de las guías que elaboran las asociaciones que luchan para terminar con la violencia machista, como la de Intermón Oxfam junto con La Marea. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Los agresores no son locos, ni son enfermos: son machistas. La enfermedad que tienen se llama machismo. Tiene cura, si el hombre se lo propone y hace autocrítica. Pero una vez que un hombre ha cometido un asesinato ya es demasiado tarde. El problema que tiene la justicia es no actuar antes de ese punto, llevando a esos hombres a terapia, por ejemplo.

El periodista que cubre la violencia sobre la mujer, o cualquier tema relacionado con ella, tiene que partir de una idea clara de lo que es el patriarcado y el feminismo. El feminismo no es lo contrario del machismo, sino que es la lucha por la igualdad. Habría que desterrar esta frase llena de mentira: “Ni feminismo, ni machismo: igualitarismo”. El feminismo es una lucha político-social para alcanzar un mundo más justo. El machismo es una discriminación. Igual que el racismo discrimina por cuestión de raza o el homófobo discrimina según la orientación sexual, el machista discrimina por género. Si partes de esas dos ideas equivocadas, es decir, que el mundo no es patriarcal y que el feminismo es un extremo, vas a fallar en la redacción de la información.

  1. ¿Alguna recomendación más?

No puedes hacer titulares que blanqueen al asesino, ni que culpen a la víctima. Todo eso son sesgos que se siguen arrastrando, y teniendo en cuenta que ya somos unas cuantas las que lo denunciamos desde hace tiempo, no lo considero ignorancia, sino algo totalmente intencionado para perpetuar el modelo. Igual que si compras el concepto feminazi, que pretende poner el feminismo a la altura del nazismo, como si nosotras hubiéramos gaseado a hombres como hizo el genocidio nazi.

Cuando hacemos este tipo de avisos a través de Twitter hay medios que rectifican. Pero otros bloquean inmediatamente. Como me ocurrió, por ejemplo, con El Correo Gallego. En ese caso no creo que el medio luche por la igualdad, sino que es un medio machista y en el momento en que se siente cuestionado, en vez de modificar, bloquea. El periodismo es feminista o no es, como sostiene Ana Pardo de Vera, porque si dejas a la mitad de la población excluida, entonces no haces periodismo.

  1. ¿Podrías recomendarnos algún proyecto interesante que aborde la información con visión de género? ¿Y en los medios generalistas?

Al margen de publicaciones específicas como Pikara Magazine, hay compañeras en medios generalistas con un discurso feminista potente como el diario La Marea, con Magda Bandera al frente; Público, que tiene a Ana Pardo de Vera y Virginia Alonso, y la sección Femenino plural; y el diario.es, cuenta con el blog Micromachismos. Son tres medios que han puesto sobre la mesa el debate denunciando todo lo que nos afecta como mujeres. Intentan reflejar esa frase tan feminista que dice que “lo personal es político”. El trabajo de Noemí López Trujillo, en la serie “La vida de las víctimas”, también es referente.

  1. ¿Es suficiente? Echo a faltar cabeceras y medios tradicionales para que el discurso cale…

Por supuesto. Los diarios piensan que con la cobertura de la violencia machista ya hacen lo que les corresponde, y no es así. El caso Juana Rivas tuvo una cobertura machista en los dos principales medios de referencia, El Mundo y El País. Hay que hacer una revisión. La cobertura no será suficiente hasta que rebajemos el número de denuncias por violencia machista. Las últimas cifras indican que hay 13.500 mujeres que denuncian cada mes. Es indicativo de que algo no va bien. El discurso que hacemos no es el adecuado, y el discurso lo hacemos nosotros, los periodistas, los medios.

  1. ¿Cómo podemos revertir la situación más allá de los medios? ¿Des de la universidad, por ejemplo?

Desde la UOC hemos hecho la línea GenderUOC, que está funcionando bien. El acto “Periodismo y mujer, ¿hay un techo de cristal?”, celebrado el 21 de septiembre en el Medialab Prado de Madrid, arrasó. Hubo más de 200 asistentes y eso es esperanzador. La desesperanza es que, de los 200, solo 6 eran hombres. Esta tarde tenemos otro acto en Barcelona para abordar la violencia online contra mujeres periodistas.

Al fin y al cabo, nosotras somos las que debemos liderar esta batalla. El machismo existe porque se han normalizado muchos comportamientos. Las mujeres hemos interiorizado muchos de ellos. Cuando te adentras en el feminismo te das cuenta de que hay cosas que no son normales y otras que incluso pueden ser denunciables. Hay mucho camino por recorrer. El cambio depende de una autocrítica sincera. Los hombres deben replantearse sus privilegios y las mujeres cuestionar cuál es su opción. El feminismo no es yo-yo-yo, es nosotras-nosotras-nosotras. No vale decir: yo he podido ascender y tengo un buen sueldo, por tanto, el machismo no existe.

  1. ¿Hay discriminación de género en el periodismo? ¿Te has encontrado con ella? ¿Y en cuanto a salarios? ¿Se cosifica a la mujer en televisión? ¿Existe un techo de cristal?

Hay de todo. Pero yo te voy a hablar desde el feminismo de clase. La mujer, en general, es la que más sufre la precarización laboral y en el sector del periodismo no se da una excepción. Como bien sabes, en este ámbito hay mucho freelance, un concepto pijo para referirse al autónomo de toda la vida. Y hay meses en los que sólo tienes para pagar la cuota de autónomos. Eso no es vivir. Eso te deja indefensa y con menos poder para reclamar. El machismo se nutre de las situaciones de vulnerabilidad en tanto que la mujer es la que tiene trabajos más precarios e invisibles.

En los medios hay mucho compadreo. Solo hay que ver los debates de actualidad en Al Rojo Vivo estos días. O recordar la polémica #mujerescolumnistas, que estalla cuando se convoca un congreso sobre periodismo de opinión y la mujer está infrarrepresentada.

  1. ¿Por qué no hay compadreo entre mujeres?

No vamos a reproducir los mismos comportamientos que ellos. Queremos ser iguales que los hombres, pero no queremos reproducir sus comportamientos reprobables. No quiero asesinar, ni acosar… Ni hacer compadreo. El compadreo hace un periodismo más mediocre.

  1. ¿Las redes sociales ayudan o perjudican en la difusión de causas como el feminismo?

En las redes sociales este activismo es muy complicado. Hay falsos cómplices, por ejemplo. Es decir, hombres que se hacen pasar por feministas porque les interesa blanquear su imagen. O gente que se acerca a ti por interés. Nos pasó hace poco a @Barbijaputa y a mí respecto a @Berlustinho, que tiempo atrás había hecho comentarios machistas, que nosotras ya denunciamos en su momento. Entonces todo el mundo calló, pero cuando interesó políticamente, vinieron a reclamarnos sororidad personas que jamás habían hablado de feminismo. Esta es una utilización política del femenismo que no me gusta. Está el tema del anonimato también. Algunos mensajes que reciben las compañeras feministas se podrían denunciar, pero los agresores saben camuflarse muy bien. Ahí las redes sociales son un aliado para ellos.

  1. ¿Cómo lo hacemos para llevar el feminismo más allá de Twitter?

Cuando hablamos de Twitter nos creemos que somos el ombligo del mundo, pero la televisión sigue siendo el medio con más influencia y el feminismo no ha calado. ¿Que tenemos ahí? Está Risto Mejide que gana una campaña institucional para luchar contra la violencia machista, pero al mismo tiempo llama “calientapollas” a una mujer en su programa. Tenemos mensajes políticamente correctos y al tiempo el machismo de Pablo Motos en ‘El Hormiguero’. Está ‘Mujeres, Hombres y viceversa’, que es la antítesis de lo que hemos hablado. Juan y Medio rompiéndole la falda a una compañera… Es donde más presencia tiene la cosificación de la mujer. Si la mujer no es guapa, no vale para la televisión. La televisión no se toma en serio el discurso feminista. Hay que trabajar mucho para ganar ese espacio. En la sociedad, el “feminismo” aún tiene carácter peyorativo. Nadie quiere ser tildado de racista, ni fascista. La sociedad ha consensuado que esos son comportamientos no aceptables. Pero aún no ocurre lo mismo con el término “feminista”. Hay que seguir.