Jessica Bennet es la primera editora de género del diario The New York Times. Su rol se creó el 30 de octubre de 2017 a raíz del escándalo Harvey Weinstein, acusado de múltiples agresiones sexuales por decenas de actrices. La editora debe asegurar que los temas tratados en el Times tienen una perspectiva de género, de manera que el conjunto de los lectores se sienta representado por el periódico. Dice Bennet que entiende la perspectiva de género como “una lente a través de la cual vemos la narración global de las historias. Eso significa escribir sobre feminismo y el rol de las mujeres en política, cultura y economía, pero también cubrir la masculinidad y la sexualidad y mirar la ciencia, la salud, la crianza y el deporte desde esta perspectiva”. El suyo es un rol transversal que afecta a todas las secciones del periódico e integrado, es decir, no busca elaborar más temas sobre o para mujeres, sino dar voz a la mujer y a las expertas en los temas cubiertos habitualmente por el periódico.

El pasado 12 de mayo, tras la primera vaga convocada por mujeres en nuestro país el 8 de marzo, EL PAÍS anunció la incorporación de la “corresponsal de género”. En primer lugar, mi enhorabuena. En el artículo en el que anunciaban la incorporación sostenían que esta figura también es transversal y tiene una función más allá de escribir historias que interesen a mujeres. Uno de los objetivos es “incluir más mujeres en las historias”. De hecho, en el mencionado artículo, EL PAÍS explica que tienen conocimiento de la existencia de este rol en el mundo anglosajón.

Sin embargo, les escribo porque no comparto la denominación de “corresponsal” vinculada a género. La RAE dice que un corresponsal es un periodista que por encargo de un medio envía noticias “desde otra población o país extranjero”. ¿Consideran a la mujer otra población? ¿Un país extranjero? Les pediría que, si quieren trabajar por la igualdad, revisaran esa nomenclatura.