La esfera pública es el espacio donde se genera la opinión pública. El concepto nace en la época de la Ilustración y hace referencia a todos aquellos lugares en los que los individuos, las instituciones y las empresas participan haciendo uso de la razón. Antaño, en Europa, cuna de la Ilustración, esos lugares eran salones, cafés, clubs. Con la mediatización de las sociedades, tomaron mayor protagonismo los medios de comunicación de masas. Y en la actualidad, buena parte de la opinión pública se da en Internet, en general, y en las redes sociales, en particular.

El concepto y las reglas de juego han ido mutando a lo largo de los años. Y es oportuno fijarse en las características que hoy rigen la nueva esfera pública, aquella que se da en Internet. A continuación, destaco los rasgos más significativos:

1. Privada: La esfera pública digital está regida por empresas privadas, Google y Facebook, principalmente. Se acostumbra a decir que Internet es un espacio de participación horizontal donde los usuarios interactúan unos con otros. Se señala que el gatekeeper, el intermediario, ha muerto, pero, en realidad, se ha transformado. Los medios de comunicación y los periodistas ya no tienen un papel exclusivo a la hora de decidir y jerarquizar los intereses sociales, pero Internet tampoco es ese espacio de libertad que nos han contado. Las empresas tecnológicas son los gatekeepers del siglo XXI. En Estados Unidos se destaca el papel de cuatro monstruos tecnológicos: Google, Amazon, Facebook y Apple. Por ellas pasa la mayor parte del contenido que consumimos hoy en día. Cualquier libro de la obra del escritor e investigador Evgeny Morozov o del sociólogo Christian Fuchs hace añicos la más mínima ensoñación ciberutópica.

2. Fragmentada: Los mensajes de los medios de comunicación tradicionales se dirigían a audiencias masivas. Internet, sin embargo, se caracteriza por la fragmentación de las audiencias y la adecuación de los mensajes a cada usuario. Es la personalización, estúpido. El ‘Daily Me’ de Negroponte. Así funciona la nueva esfera digital y así se monetizan los contenidos en Internet. De esta fragmentación derivan dos de los fenómenos que más preocupan a los investigadores sociales: las burbujas filtro y la polarización.

El profesor de la Universidad de Harvard Cass Sunstein ya advirtió en el libro República.com de la posibilidad de que en Internet los ciudadanos accedieran solo a aquellos contenidos que refuerzan las propias creencias, ignorando las que son contrarias. Sunstein denominó el fenómeno ‘cámaras de eco’. Más tarde, el activista Eli Pariser indagó en la cuestión y señaló la creación de ‘burbujas filtro’, mundos propios dentro de la aldea global.

Internet es el único medio que se adapta a los nichos. El caso de YouTube, con cientos de millones de vídeos, es un ejemplo. La información es mixta, variada, compuesta de cosas distintas. De este modo, cada usuario posee su propio esquema mental y percibe (o busca) la información de manera diferente. Nadie puede ver todos los vídeos de YouTube, pero puede encontrar los que está buscando con una precisión a sus gustos mucho más ajustada. Quien dice YouTube, dice Spotify, SoundCloud, Google o cualquier otro contenedor de contenidos de acceso gratuito.

De aquellos barros, estos lodos. Si en Internet nos centramos solo en aquello que avala las propias ideas, es probable que cada vez estemos más seguros y determinados en los propios pensamientos. Diferentes estudios señalan que el nuevo acceso a la información explica, en parte, la polarización de las sociedades occidentales. Des de los Estados Unidos de Trump hasta el Brasil de Bolsonaro, pasando por el Reino Unido del Brexit y la Catalunya del ‘procés’.

3. Regida por la economía de la atención: En un entorno en el que la abundancia y la accesibilidad de la información son la norma, los medios de comunicación pelean para captar la atención de los usuarios. En la actualidad, el tiempo es el valor más preciado por la industria mediática. La atención humana, en un contexto de infoxicación, se ha convertido en un bien escaso. Por este motivo otro de los conceptos fundamentales para entender la esfera pública actual es el de la economía de la atención. Conseguir la atención de los usuarios es el principal objetivo de cualquier empresa periodística y de Silicon Valley. Un libro de referencia al respecto es The Long Tail, de Chris Anderson, que explica hacia dónde van los modelos de negocio en Internet.

4. Líquida: Algo que también caracteriza la esfera pública digital es la desaparición de las fronteras entre límites que ya teníamos asumidos. En primer lugara raíz de la irrupción de Internet y los medios sociales, desaparece la separación entre emisores y receptores. Entre medio y audiencias. Ahora “todos creamos” y todos consumimos. (O, al menos, tenemos la oportunidad de hacerlo). Manuel Castells lo define así: autocomunicación de masas. La obra de Henry Jenkins recoge muchos ejemplos al respecto, tanto en los medios de comunicación como en videojuegos, películas y campañas políticas. Jenkins es quien mejor ha explicado el fenómeno fan y cómo introducirlo en otros contextos más allá del espectáculo. El concepto prosumer hace referencia a lo que nos referimos.

La esfera pública digital también ha superado las fronteras entre lo local y lo global. Tanto es así que algunos autores han acuñado el término ‘glocal’ para referirse al nuevo ecosistema. ¿Creamos para nuestro entorno o para un público global? Los distintos actores que intervienen en el proceso productivo también se desvirtúan: aparecen narrativas, profesionales, vías de financiación y audiencia híbridas. ¿Qué tiene mayor impacto una tribuna en un medio de referencia o un contenido viral en redes sociales? ¿Un periodista con buenas historias, pero sin apenas impacto o un influencer que triunfa en YouTube? ¿Qué impacta más en la opinión pública? Las empresas más líquidas se adaptan mejor al escenario digital. Zygmund Bauman acuñó con gran éxito el término sociedad líquida para referirse a los tiempos actuales. Es totalmente aplicable a la esfera pública.

5. Inmediata: Además de facilitar la participación, las redes sociales propician que esta participación sea en tiempo real. La participación ciudadana en los medios digitales es mucho más intensa y permanente. Si antes sólo se tenía conocimiento del interés del público por el análisis de las ventas o los ratings de audiencia, hoy la analítica web permite saber en tiempo real cuáles son las noticias más consumidas, las más comentadas, las más compartidas y las más recomendadas. La relación horizontal, multidireccional, simultanea y sin filtros que proponen las redes sociales supone un reto para los medios de comunicación, acostumbrados al funcionamiento tradicional, en el cual ellos eran los únicos capaces de producir y difundir contenidos a una audiencia global. Por primera vez en la historia, los periodistas y los ciudadanos disponen de las mismas herramientas para seguir la actualidad en vivo.

En el nuevo contexto, a menudo, lo primero es publicar y lo segundo, filtrar. Se invierte el orden de los factores y se altera el producto final. En las redes sociales la comunicación es síncrona, ligera, constante. El estado de alerta es permanente, dando lugar a un fenómeno similar al de la música ambiente, parafraseando al investigador y periodista Alfred Hermida. Solo si entendemos de este modo el periodismo, somos capaces de comprender las nuevas fórmulas que utilizan los medios para informar acerca de las breaking news. ‘Periodismo ambiente’. Las noticias de última hora nos llegan en forma de notificación al teléfono móvil con el siguiente encabezado “Lo que sabemos y no sabemos acerca de” la última acción terrorista, catástrofe natural o manifestación. Esta manera de informar, en la que el periodista está publicando la información al tiempo que se está produciendo, responde al ritmo minuto a minuto que imponen las redes sociales.

*Apuntes para la cena coloquio Hora Europea, donde fui invitada como ponente para explicar las transformaciones en la relación entre medios y audiencias a raíz de la disrupción digital. Aquí una reseña.

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